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domingo, 2 de marzo de 2008

Cartas desde Ropraz.


Ropraz, Suiza.
Originally uploaded by TaniaBlanco
Hoy quise escribir en las páginas blancas virtuales de este blog. Podría indicarles que mi nueva bitácora está en construcción y al mismo tiempo, decirles que decidí escribir mis experiencias, vivencias, anécdotas y aquello que se me ocurra, desde éste, mi pueblo campirano, rodeada de plantíos de papas, avena, maíz y muchos pastizales. 


Al mudarme aquí, Victoria (mi hija de dos años) se levantaba diciendo "muuu... " Como el muu de las vacas que ve cada mañana desde el balcón. Mi pueblo, el pueblo que me ha acogido, es minúsculo. Únicamente existen 100 lineas telefónicas y el número de habitantes no es mayor a 350. Pero al menos hay una escuela, oficina postal, una lechería/quesería (que si faltase sería ironía, en un sitio donde lo que más hay son vacas. ¡Sí aunque me salga en verso y se ría!). También hay el restaurante-café "De la Poste" que cierra los martes, la fundación y galería de arte l'Estrée, una capilla, muchas granjas (en algunas se pueden comprar huevos, verduras, semillas y miel), una boutique con productos hechos de lana de cabras de Angora, criadas por los dueños del Mohair du Jorat. 

También, en Ropraz (ese es el nombre de este sitio peculiar) hay un taller de hierro forjado. Y no es cualquier taller, Vincent Desmeules, el herrero, hace desde balcones, escaleras y objetos de hierro, hasta esculturas y cuadros verdaderamente artísticos, mismos que le han ganado un lugar importante en las galerías de arte de la región. Y nuestra última novedad, "Carole coiffure". Madame Carole que ha instalado una sala para cortar el cabello a damas y caballeros. 

Ah, es verdad, casi lo olvido, contamos también con una "déchèterie" es decir, un sitio especial para colocar los desechos de la basura (en palabras llanas, un basurero). A diferencia de los basureros en México u otros países de América Latina, los basureros en Suiza son sitios verdaderamente pulcros y organizados. El de aquí cuenta con un hangar y depósitos especiales para papel, plásticos, productos PEP, aceite, hierro, aluminio, residuos de construcción, muebles, vidrios (clasificados por color), composta, entre otros. El estereotipo del suizo organizado y estrictamente limpio, toma vida en este sitio singular.

Es cierto que, al estar Ropraz ubicado geográficamente en una zona rural, no es evidente el hecho de que muchos de sus habitantes cuenten con sus propias empresas y trabajen de manera independiente, ofreciendo sus servicios profesionales en la región, más allá de la maravillosa labor de hacer crecer los campos y administrar granjas.

De hecho, Suiza tiene como característica que apoya de manera comprometida a los profesionales independientes y pequeños empresarios. En el Cantón (Estado) de Vaud, por ejemplo, se indica que el 85% de la economía es generada por PYMES, es decir, pequeñas y medianas empresas (PEM en sus siglas en francés). Esto se hace evidente en Ropraz, que cuenta con más servicios profesionales de lo que parece a simple vista.

De una manera u otra, Ropraz se ha hecho famoso. En ello ha contribuido Jacques Chessex, quien es vecino de la calle En Verney y un reconocido escritor suizo francófono. Justo hace un par de semanas publicó su última novela "Perdón Madre". 

Recuerdo la primera vez que vi a Monsieur Chessex. Fue en el verano de 2007 antes de mudarme a Ropraz. Habíamos venido a visitar el pueblo un domingo, para caminar entre sus bosques y riachuelos y sentir si éste era realmente el sitio en el que queríamos vivir. Era medio día, había que darle de comer a Victoria. Afortunadamente tenía su almuerzo preparado: papilla, jugo, una galleta de arroz inflado y un plátano. Pero teníamos que sentarnos en algún sitio, así que nos fuimos al "Café de la poste". Ahí nos instalamos en una de las mesas exteriores.

Frente a nosotros había un hombre barbado de cabello entre cano, con modales grotescos, bebiendo vino. Conversaba con una mujer de rasgos japoneses, al parecer la creadora de las pinturas que en ese tiempo se estaban exhibiendo en la galería. Me llamó la atención su conversación pues hablaban de estética y comparaban la estética de la pintura con la estética de las letras. Supuse que ese hombre que discutía de manera tan radical era el autor de "El Vampiro de Ropraz". Ya había leído sobre él aunque no su obra. En lo particular no se me antojaba leer sus libros, especialmente con los títulos de algunos de ellos, pero encontré que ha publicado algunas cosas para niños, una enorme lista de ensayos y también poesía. Seguro será ahí donde haga mi debut como lectora de Chessex. 

Como quiera, he leído textos cortos de su autoría, publicados a manera de prólogo en algún libro, a manera de relato en alguna publicación o, incluso un ensayo. Los textos me parecieron interesantes, con una narrativa clara, lineas concisas y un francés digerible. Ah, porque vivo en la parte francesa de Suiza, no en la región alemana, ni en la italiana. Mucho menos en el área geográfica donde se habla romanche

En este país hay cuatro (4) idiomas oficiales y lo más curioso es que a veces entre los mismos suizos no se entienden, quiero decir, a veces no se pueden comunicar entre ellos por la diferencia de lenguajes. Resulta divertido escucharlos hablar en inglés. Y aunque me da la impresión que hay una resistencia de la parte francesa a aprender el alto alemán o cualquiera de sus dialectos, los suizo-alemanes parecieran tener un gusto especial por el francés, el inglés e incluso otras lenguas. 

Conozco más de un europeo que habla de tres a cinco idiomas diferentes, ya que hablar dos es lo más común, casi la regla general. ¡Puedo decir que estoy dentro de la regla! con mi español, mi inglés y mi (requerido, requeridísimo de perfeccionar) francés. Mientras no se me ocurra mezclar de los tres un poco, todo va bien.

Alguien me preguntó cuando vivía en Blonay (otro sitio hermoso, con vista al lago Leman, mejor conocido como Lago de Ginebra), si no extrañaba la comida mexicana. ¡Pues qué voy a extrañar! ¡rien de tout! si con sólo hacer un par de clicks en  elmaiz.ch compro los productos mexicanos que se me antojen y me llegan al otro día con el resto de la correspondencia. 

Fue en esa tienda (cuya propietaria es la señora Úrsula Pérez, en Zürich) que conocí por primera vez la mermelada de chile jalapeño. Conversando de esto último con una amiga estadounidense que vino de visita, me enteré que la mermelada de chile jalapeño es muy popular en el estado de Texas (USA). Quizás sea un producto tex-mex. Al menos no me pasó como cuando llegué a Chicago (donde viví unos años) y una amiga brasileña, muy feliz, preparó comida mexicana para darme la bienvenida. Cuando vi lo que me sirvieron ni sabía qué estaba comiendo. 

Me dijeron que era un taco, pero de taco tenía nada. Era una especie de canasta hecha con una tortilla frita (del tamaño de un plato ondo mediano). Diría yo, una tostada con forma de cazo, y  en su interior había arroz blanco, frijoles enteros, verduras en trocitos, salsa de tomate estilo italiana, como la usada sobre espagueti, queso cheddar, y aguacate. 

¡Vaya taco! y luego, el tradicional burrito, que en esa época, me era totalmente desconocido. Viniendo del sureste mexicano, nunca había comido un burrito. Y es que Taco Bell aún no era popular. 

En fin. Este es mi primer post desde Ropraz, mi nuevo pueblo. Espero no extrañar Blonay, Les Chevalleyres, la vista hermosa del lago y el chu-chu del tren con dirección a "Les Pléiades", mi antigua casa y el ruido del sauna de mis anteriores vecinos.

Mientras tanto, mi nuevo blog continúa en construcción.

Desde Ropraz, Suiza.
A siete horas de diferencia del centro de México.

- Tania Blanco