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viernes, 15 de septiembre de 2017

Anécdotas del día


Lluvia, tos, ópera, trenes, alemán y un “vuélvete a casa inmediatamente”.




Sí, me estoy recuperando de una bronquitis con tos tremenda. 

Tuve voz de tenor. Hasta tuve ganas de grabar para la radio como en los viejos tiempos. Por varios días sólo comí cereal de bebé y caldo de verduras. 

Aunque sigo tosiendo, la fiebre ya se fue a pasear y luego de dormir mucho, usar mis dosis de aceites esenciales, y acabarme una docena de paquetes de pañuelos desechables, me siento mucho mejor. En aras de esa mejoría, y sin contar que no entré en mis vestidos nuevos (por travesuras de la tiroides, que por cierto, ya está bajo control médico y mañana viernes me hacen nuevos análisis), decidí aceptar una invitación a una recepción en Berna. 

La curiosidad de conocer al nuevo embajador de México en Suiza, no se hizo esperar. Dicen que “la curiosidad mató al gato”. 

Hace por lo menos tres años que no aceptaba una invitación de ese tipo. Así que muy presta, me dispuse a viajar a la capital de Suiza.

La invitación era para hoy, jueves 14 de septiembre al medio día. Viajar a Berna significa un par de horas. Un buen trecho de camino desde mi pueblo campirano. 

El cielo de la mañana despertó gris. Muy gris. Los árboles se movían como si estuviesen bailando chunchaca. El viento no cesaba de silbar y empujaba todo lo que estaba a su paso. Aún así, la curiosa de mi, se engalanó y salió de casa, no sin antes embolsar dos paquetes de pañuelos desechables, ponerme mi abrigo de invierno en otoño y preparar los guantes, por si acaso. Paraguas obligado.

Tuve la suerte de que el señor de la casa debía ir a su cita con el cirujano, así que aproveché el “aventón” a la entrada de la ciudad y me ahorré treinta minutos de caminata en la carretera, más veinticinco minutos de autobús. Aún así, debía abordar el metro que toma al menos de quince a veinte minutos, entre el trayecto y los tres minutos de espera. Me encanta la puntualidad del transporte público suizo. Ni un minuto más, ni un minuto menos.

Una vez en Lausana, y antes de entrar a la estación del tren, hice una parada obligatoria: la farmacia. Ahí mismo tomé el medicamento y con ánimo me fui al lado opuesto a tomar el tren.

Al ingresar a la sala principal de la estación ferroviaria, me recibieron con pompas y platillos. Bueno, no sólo a mi, a todos los que se encontraban en ese momento en el lugar. Nada más emocionante que ser testigo de un flash mob de ópera. Voces excepcionales. Acústica inigualable.

El tren llegó puntual. Como siempre. 

A las 8:50 am, partía con dirección a la ciudad de Berna. A medio camino, el cielo se puso aún más gris e iniciaron los chaparrones. Una hora más tarde, esta curiosa estaba en la capital de la Confederación Helvética.

Como aún era temprano, tomé tiempo para "mironear" en las tiendas que están en la central de trenes. También aproveché para ir "al tocador" y "darme una manita de gato" porque salí temprano de casa y con el viento, ni un pelo estaba en su lugar. 

El frío era menos que en mi pueblo, igual el viento. Se apetecía algo caliente, así que me fui a buscar un té y como un té solito es tristón, lo acompañé con unos panecitos dulces. 

Finalmente llegó la hora de ir a buscar un taxi. Mi plan original era viajar en autobús y luego caminar hasta el lugar de la recepción, pero con esa lluvia, el frío y la tos que aún no se muda del cuerpo, pues mejor no arriesgarse.

Encontré un taxi inmediatamente y, para mi fortuna, el chofer comprendía francés perfectamente. Un gran alivio, porque mi alemán es verdaderamente nulo, excepto cuando duermo. Sí, no es chiste, dormida me da por hablar en alemán. Pero despierta, en mis cinco sentidos, sólo sé decir "danke", "guten morgen", "grüezi", además de una lista de vocabulario que sirve más para hacer las compras del supermercado que para entablar una conversación. Si mi bisabuela paterna viviera, seguro me jalaba las orejas por no hablar la lengua de su familia. 

Pero la verdadera anécdota está aún por llegar...



El taxista, muy amable, me llevó a la dirección indicada. Le pagué, bajé del auto y se fue. Al acercarme al portón del lugar, veo llegar a un apuesto caballero vistiendo traje azul plomo y corbata. Me saluda en inglés, me da la mano y me dice su nombre. Contesto el saludo y digo mi nombre. Conversamos amenamente mientras toco el timbre. Bromea sobre lo silencioso del lugar y comenta que seguro es a causa de la lluvia. Mientras conversamos, llegan dos personas más, y otra, y otra. Finalmente se asoma una mujer vestida de cocinera. Le toma tiempo llegar al portón pues nos divide un largo pasillo que conecta a éste con la puerta principal de la residencia. Nos mira con ojos de “qué hacen aquí” y antes de que pregunte, le respondo. Al mismo tiempo otros caballeros se acercan y muestran la invitación (igual a la mía) en cuyo centro, en color dorado, aparece un águila devorando una serpiente.

Todos los presentes, excepto una servidora, eran diplomáticos. 

La mujer nos responde “¿No les avisaron que el evento se anuló?”. 

Heme ahí, en medio de la lluvia, rodeada de embajadores y representantes consulares, traduciendo lo que la señora, amablemente nos decía. Empiezan a conversar entre ellos. “No recibí ningún mensaje”, dijo uno, “no me avisaron” dijo otro. “No tenía idea”, expliqué. Apenada, la mujer nos pidió nuestros nombres para que la gente de la Embajada de México nos hablara para excusarse. La mayoría dejó su tarjeta de presentación. Atrás de mi, el representante de la Embajada de los Estados Unidos de Norteamérica toma su celular y llama a la Embajada de México. “Estoy frente a tus oficinas, perdón, frente a tu casa”, dice y continúa “y me dicen que se ha anulado la reunión”. Ah, ok, gracias, nos vemos mañana. Así, el hombre se convierte en vocero “Se anuló el evento, pero vuelvan mañana a las 4 de la tarde, habrá una ceremonia”. Al mencionarlo a la mujer, ella interviene y dice, si, mañana, pero no aquí, sino en las oficinas de la embajada. 

De pronto, los autos siguen llegando. Todos con placas de “cuerpo diplomático”. Uno de los embajadores se apresura a avisar que no bajen de sus autos, el evento se canceló. 

Con cara de asombro unos, con una seriedad inamovible otros, con desdeño uno más. Uno a uno empiezan a partir. La lluvia no cesa. No, no voy a caminar bajo la lluvia, me dije. Afortunadamente, el Embajador de Bosnia-Herzegovina amablemente se ofreció a llevarme a la estación del tren para volver a casa. 

En el trayecto la conversación fue larga y amena: De geografía a política. De política a diplomacia. De diplomacia a fútbol. 

Así mi día y mis anécdotas de jueves. 

Escribí a la secretaria del embajador de México. Recibí respuesta. Ayer por la tarde (explicó), enviaron correos electrónicos a los invitados para avisar la cancelación. Aparentemente me escribieron a una dirección electrónica que dejé de usar desde hace “siglos”. Mi “relacionista pública interna” me hacía guiños y comentarios críticos en la cabeza. Afortunadamente la callé con una buena sopa caliente y dos rebanadas de pan tostado.

Por si desean saber el motivo de la anulación: el terremoto en México. 

Puesto que volví a casa antes de lo previsto, aproveché para hablar por teléfono a mi madre y felicitarla por adelantado. Mañana conmemora un año más de que dio el grito. Sí, imagino que gritó o debo decir, lloró, como la mayoría de bebés hacen al nacer.

Para quienes no sepan, soy el fruto de la mezcla entre la independencia y la revolución. 

No, no por revoltosa, luchadora social o guerrillera, aunque de guerrillera sólo llevo el nombre. 

Dejen les cuento que mi madre nació un 15 de septiembre y mi padre un 20 de noviembre. Aunque de revoluciones, las únicas que he vivido hasta ahora son la Revolución Sandinista y la de mi propia conciencia. Esta última, desearía que, más que una revolución, se trate de una infinita evolución. 

Saludos a todos desde la tierra de Heidi, en un jueves que culminó hace 42 minutos exactamente. Si ya culminó, entonces debo decir, bienvenido viernes. A dormir.

lunes, 17 de abril de 2017

Recuerdos: Música, ciencia, ópera y pizza.


Hace 8 meses trabajé para un proyecto de Canal Once. Mi trabajo consistió primordialmente en organizar entrevistas con las autoridades suizas de la cultura, músicos y científicos del CERN, además de investigar y proveer de datos al equipo de producción, relacionados con la enseñanza de la música en Suiza y sobre todo, el contexto y el resultado del trabajo que, a nivel nacional, se realizó hace un par de años en este país, en torno a la importancia de la enseñanza de la música en la niñez y la juventud, así como su inclusión en la Constitución Política, luego de un referendum en el que participó toda la población.



Aunque disfruté cada instante de la investigación, la organización, los viajes, las múltiples entrevistas y las grabaciones para la serie televisiva que constará de 12 capítulos, no puedo negar que hay tres cosas que fueron mis "super-favoritas" :

a) Visitar el Centro Europeo para la investigación nuclear, compartir con científicos del mundo entero un día completo y adentrarme en los temas del universo, la energía, la antimateria, así como indagar acerca de la relación o no relación entre música y ciencia.

b) Ver la cara de emoción de Karina al recibir en medio de la noche un mensaje vía Whatsapp con el demo de la música de su nueva película. Nada que ver con la serie, pero sí con los creativos que le dieron forma.

c) ¡Las pizzas! Sí, las deliciosas pizzas que entre risas, Bel canto, chistes y anécdotas, disfrutamos todos con nuestros queridísimos Javier Camarena y Rebeca Olvera.

No tengo la menor idea de por qué "Musivolución" aún no está al aire, aún cuando la post-producción finalizó hace un buen rato. Seguro en breve lo preguntaré a Pedro Cueva (de “La casa de al lado” producciones) y cuando tenga la respuesta, seguro la comparto. O de plano me espero a que Chango Pons (director de la serie) escriba el dato en su “autobiografía póstuma” (título de la gran mayoría de sus posts en redes sociales). 

En fin, estamos al pendiente. Y para quienes son seguidores del Canal Once, no se la pierdan. Claro, cuando esté al aire. Conduce la serie: Edgar Barroso. 

Aquí 'nomás' recordando, luego de volver de la ópera de Lausanne.

¡Feliz último sábado del mes de abril!

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Actualización (26.5.2017): El estreno de la serie fue el miércoles 24 de mayo. Se transmitirá cada miércoles a las 8 de la noche y se re-transmitirá en sábados a las 3 de la tarde.

http://oncetv-ipn.net/musivolucion

domingo, 18 de agosto de 2013

El son jarocho en Friburgo.


Comparto mi artículo "El son jarocho en Friburgo. En recuerdo a la Negra Graciana." publicado por la agencia de noticias Imagen del Golfo y el Diario Imagen de Veracruz, en mi columna "Desde los Alpes".




En recuerdo a la Negra Graciana.

Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color.
Todo lo que yo toque
se llenará de sol.
En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.
Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.
Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón.

-Carlos Pellicer Cámara


Cada año, desde 1975, la ciudad de Friburgo en Suiza es sede de los Encuentros Internacionales de Folclor. Ubicada en la región del río de la Sarina, esconde entre sus muros, iglesias y calles, un cúmulo enorme de historia. Es una de las ciudades más antiguas de ese país y conserva un ensamble medieval que es único en Europa.

De hermosa arquitectura, primordialmente gótica e influenciada por una fuerte tradición religiosa, Friburgo es un centro económico, educativo y cultural de gran importancia. Además es de alguna manera, la frontera cultural entre la Suiza germano-parlante y la Suiza Francófona.

Esta semana, la ciudad recibió a grupos de música y danza de nueve países del mundo, entre ellos, México, representado por el grupo Nahui-Ollin de la ciudad de Puebla, dirigido por Antonio Gutierrez Hernández y Felipe Amador. En esta ocasión participaron 38 integrantes con danzas del centro de México, así como de Sinaloa y Veracruz, además de bailes aztecas. Acompañados por música de mariachis.

Las calles de Friburgo, plazas públicas, el centro deportivo San Leonardo y la sala El equilibrio vieron desfilar, cantar y bailar a grupos de los cinco continentes, con sus diferentes ritmos, trajes tradicionales, colores y voces únicas. Además, como parte del programa de descentralización, hubieron presentaciones en otras ciudades cercanas.

En el pueblo de Moudon, por ejemplo, este viernes por la tarde ondearon las banderas de Benin, Suiza y México, en señal de amistad entre esos países, unidos a través del folclor. El viento era generoso y el lábaro tricolor parecía querer despegar el vuelo con su águila en el centro devorando a la serpiente, mientras que en la plaza de la Grenette el “taca-taca” del zapateado al ritmo de los mariachis arrancaba aplausos, emociones y gritos de “Viva México”. 

Como en el poema de Pellicer, el trópico llenó de color y sol la tarde sutil de esta tierra del otro lado del atlántico. Nubes color de rosa, anunciando el atardecer, cubrieron el cielo y el escenario. El tono rosa pálido y transparente de los trajes jarochos portados por las bailarinas, daba vueltas sin cesar. La música sonaba. Los versos al aire. “Ay qué bonito es volar, a las once de la noche”... 

El son de “La bruja” me llevó en escoba a los portales de mi añorado puerto. Imaginé a la Negra Graciana que tocaba el arpa y nos regalaba su risa en la tierra de los alpes, de la misma manera como lo hiciera en la sala Frank Martin de la ciudad de Ginebra un 14 de noviembre de 2003. La voz de los mariachis desapareció. 

En mi corazón escuchaba la única voz que puedo asociar a la “bruja”, la de Graciana Silva García. A tres semanas de su partida, la embajadora del son jarocho en Europa es recordada como una de las intérpretes más convincentes del auténtico son de Veracruz, con su buena estrella y sus dedos de hada musical.

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El texto original se puede leer en http://imagendelgolfo.mx/columna.php?id=25777

domingo, 11 de agosto de 2013

De mexicanos por el mundo.

Comparto mi artículo "De mexicanos por el mundo" publicado por la agencia de noticias Imagen del Golfo y el Diario Imagen de Veracruz, en mi columna "Desde los Alpes".





De acuerdo a datos publicados en 2012 por el Instituto de los mexicanos en el exterior (IME), hay poco más de 12 millones de mexicanos viviendo fuera de la frontera nacional, de los cuales, el 99.39 por ciento radica en los Estados Unidos de Norte América. 

Estas cifras reflejan únicamente el número de mexicanos que se han registrado ante las representaciones diplomáticas o consulares, por lo que seguramente hay muchos otros que están excluidos en los cálculos aritméticos y estadísticos, dado que dicho registro no es obligatorio.

Como quiera, 12 millones es mucho más que la población total del Estado de Veracruz reportada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2010. 

Si restamos el número de connacionales que radica en los Estados Unidos, tenemos una población mexicana en el mundo (aproximada) de 178, 173 habitantes. De esa cifra, el 34.46 por ciento radica en Europa. Si asumo que el registro que hice ante el consulado mexicano de este país alpino, pequeño y próspero -hace ya varios años- aún es válido, seguro formo parte de las estadísticas. ¿Entonces, mi ser de alma jarocha y tabasqueña, representa el 0.0016 por ciento de ese 34.46 por ciento de mexicanos en Europa? 

Las estadísticas son números. Interesantes, racionales, didácticas, pero al final de cuentas, números. En este caso, números que hablan de cantidades y no de cualidades. ¿Qué significa ser mexicano en el viejo continente? ¿Cómo percibe el europeo a México y su cultura? 

Estas lineas no serían suficientes para tratar de responder esas preguntas, sobre todo porque hay muchas y diferentes respuestas, tantas como mexicanos hay en el mundo. Intentar describir el “ser mexicano en el viejo continente” me llevaría al debate de la “mexicanidad”, concepto aún no bien definido y con altas dosis de subjetividad. Cada individuo vive su “mexicanidad” o “no mexicanidad” de distinta manera. 

Desde los alpes quiero escribir y referirme a lo que ven mis ojos, lo que perciben mis oídos, lo que siente mi propio corazón al escuchar el español, al encontrarme paisanos, al ver cómo la gente de estas tierras, sin entender mi lengua natal, sonríen, aplauden y disfrutan las manifestaciones artístico-culturales de mi México lindo y querido. 

Lo mismo arte popular que las llamadas bellas artes. El número de artistas mexicanos en estos “lares” es inimaginable: músicos, pintores, escultores, cantantes de ópera, bailarines, cineastas. También hay promotores culturales, científicos, empresarios...

En esta región, alejada de la tierra totonaca, no hay un mes del calendario que pase sin que el nombre de México suene en los labios de alguien no mexicano. Y no me refiero a las noticias negativas, otras tantas amarillistas, que se publican en algunos medios locales sobre nuestro país y que, afortunadamente no son mayoría. 

Me refiero a que México es tema de encuentros académicos, económicos y también de carácter artístico y cultural. En el ámbito cultural, nuestro país ha sido invitado a diversas ferias y festivales Internacionales. La cultura y los creadores mexicanos le interesan al europeo. La visión va más allá del cliché del hombrecito con zarape y sombrero durmiendo al lado de un cactus.

Haré un brevísimo recuento de los últimos meses. Nada exhaustivo, pero al menos, quiero creer, significativo.

Libros.-
Resultó un éxito –que ni el mismo CONACULTA esperaba- la Feria Internacional del Libro de Ginebra realizada en el mes de mayo con México como invitado de honor. Los autores nacionales traducidos al francés son numerosos. Descubrimos también a autoras mexicanas radicadas en Suiza.

Danza.- Durante el mes de junio, desfiles multiculturales y foros comunitarios organizados en diversas localidades de Suiza, presentaron bailes tradicionales, incluida una conferencia sobre danza azteca. Está en puerta el Festival de Folclore internacional de Fribourg donde participa México.

Música.- Bandas musicales juveniles de nuestro país se han ganado un lugar de reconocimiento en los festivales “Tattoo” militares. Tal es el caso de “Jaguares” de Puebla que acaba de arribar a Inglaterra para el Festival de Edinburgo, los “Aguiluchos” que aseguraron su visita a Basilea en 2014 y “Delfines Marching Band” de la ciudad de Xalapa que causó excelente impresión en el “Tatto de Zurich” y obtuvo medalla de bronce en el mundial de música de Kerkrade, Holanda. 

Por otra parte, el coro Staccatto de la UNAM asistió a festivales en Polonia y Alemania, obteniendo una presea para nuestro país. Y hace unos días, en el Festival de Salzburgo, tres cantantes de ópera mexicanos participaron en roles importantes: Rolando Villazón, el xalapeño Javier Camarena y la talentosísima Rebeca Olvera.

Cine y fotografía.- Del 7 al 17 de agosto, el cine mexicano estará presente en el Festival de Locarno con 4 cintas de co-producción internacional : “Los insólitos peces gato” de Claudia Sainte-Luce, “Perpetuum mobile” de Nicolás Pereda (quien ha sido invitado como jurado), “El mudo” de Daniel Vega y “Bajo el volcán” (1984) de John Huston con la actuación de Albert Finney, Jacqueline Bisset, Anthony Andrews, Ignacio López Tarso y Katy Jurado, bajo la dirección fotográfica del maestro Gabriel Figueroa. 

Y ya que menciono al gran cinefotógrafo mexicano y figura importante de la época de oro, su hijo, de mismo nombre, presentó una exposición denominada “Baja y Alta” en Suiza y Alemania.
No puedo dejar de mencionar el trabajo que hacen las asociaciones de mexicanos y colectivos en favor de la promoción de la cultura mexicana en el continente europeo, además de apoyar a la integración social de la comunidad “expatriada”.

En el mes de julio, la asociación de mexicanos en Cataluña convocó al primer encuentro de asociaciones de mexicanos en Europa, permitiendo el intercambio, diseño de acciones conjuntas y el diálogo entre los mexicanos radicados en el viejo continente y el Instituto de los mexicanos en el exterior, institución que desde su creación ha trabajado en pro de los compatriotas radicados en Norteamérica y había olvidado que en el resto del mundo también hay mexicanos.

Texto publicado originalmente en: 

domingo, 8 de mayo de 2011

El día de los museos. Piñata y Cacao.





El próximo fin de semana tendré la oportunidad de compartir con gente de diferentes nacionalidades en el "Día internacional de los museos", que en esta ocasión tendrá como temática "Lo que cuentan los objetos".

Hay tres cosas de este evento que me emocionan y otras dos que me emocionan menos. Empecemos por las que me emocionan:

La oportunidad de disfrutar un rato agradable en un museo interesante como lo es el museo de Yverdon-les-Bains y escuchar las historias ilustradas que tienen para contar, un grupo de migrantes radicados en la región.
Que habrá una piñata gigante (las piñatas le encantan a mi hija y a mi me traen recuerdos alegres de mi México).
Que la Asociación de la cual formo parte presentará una charla sobre "La piñata".

Lo que me emociona menos:

Haber embellecido, mejorado y articulado la presentación de "La piñata", revisado los textos, ser quien la presentase en los ensayos generales y saber que ni siquiera me darán crédito, como suele ocurrir en muchas de estas asociaciones. Al menos me queda la alegría de que será un regalazo para la vista de quienes estén presentes, y se llevarán en el corazón, un pedacito de México.
Que me hayan dicho "fíjese que siempre no" a mi participación en el evento con la historia ilustrada "Cacao, Fruta-Objeto / Cacao, Micro-mundo de historias y emociones". Como quiera, tendré oportunidad de presentarla en una ocasión, supongo, en otro escenario.

Para quienes están en Suiza y deseen asistir, aquí los datos:


Día Internacional de los museos. 
Jornada "Lo que cuentan los objetos".

Domingo 15 de mayo a las 14h00


Habrá ocho intervenciones cortas e ilustradas, realizadas por migrantes.

El programa incluye un concierto de música folclórica portuguesa, degustación de platillos del mundo y el juego de la piñata para deleitar a chicos y grandes. El museo presenta actualmente una exposición sobre 6'000 años de historia del Castillo.

Seguro que disfrutaré el evento.

Deséenme suerte.

Los datos completos del lugar, para los interesados:

Musée d’Yverdon et région
Le Château, CP 968
Yverdon-les-Bains
+41 (0)24 425 93 10
www.musee-yverdon-region.ch
info@musee-yverdon-region.ch