Hay puentes que no se rompen. Así escribí en mi cuaderno de notas cuando leí que una escritora latinoamericana radicada en Suiza partirá de tierras helvéticas. Su más reciente escrito en una de las revistas que mes con mes recibo en el buzón, habla de la esperanza. De la esperanza, su esperanza en un mañana que asoma a la puerta. Me recordó "Sembrador" de Carlos Pellicer, el poeta de América y con o sin intensión, rememoró imágenes de niña y adolescente, cuando caminaba a lo largo del Grijalva, cuando platicaba con el sol y hacía caminar mucho, mucho, a los amigos que acompañaban mi paseo.
También tengo esperanza en el mañana, pero sobre todo y por encima de todo, tengo esperanza en el hoy, en el eterno hoy. Tengo también esperanza y fe en la gente; en la gente que quiero, en la gente que me rodea e incluso en la que aún no conozco, acabo de conocer o pronto conoceré.
Para los que conocí y sus egos o "diva interna" fueron más grandes que la mirada transparente para ver lo escencial, a ellos, mil bendiciones.
Para los que conocí y me han abierto su corazón, a ellos, mil bendiciones.
Para los que conozco y me regalan la alegría de saberles aquí, a ellos, mil bendiciones.
Para los que acabo de conocer y me obsequian la oportunidad de sembrar y crear, a ellos, mil bendiciones.
Para los que aún conoceré, bendiciones infinitas; para que su camino esté lleno de Luz y el día que nos crucemos en la calle, aún sin saber quién es quién, sin siquiera cruzar una palabra, la Luz sea el mejor de los diálogos entre transeúntes.
También tengo esperanza en el mañana, pero sobre todo y por encima de todo, tengo esperanza en el hoy, en el eterno hoy. Tengo también esperanza y fe en la gente; en la gente que quiero, en la gente que me rodea e incluso en la que aún no conozco, acabo de conocer o pronto conoceré.
Para los que conocí y sus egos o "diva interna" fueron más grandes que la mirada transparente para ver lo escencial, a ellos, mil bendiciones.
Para los que conocí y me han abierto su corazón, a ellos, mil bendiciones.
Para los que conozco y me regalan la alegría de saberles aquí, a ellos, mil bendiciones.
Para los que acabo de conocer y me obsequian la oportunidad de sembrar y crear, a ellos, mil bendiciones.
Para los que aún conoceré, bendiciones infinitas; para que su camino esté lleno de Luz y el día que nos crucemos en la calle, aún sin saber quién es quién, sin siquiera cruzar una palabra, la Luz sea el mejor de los diálogos entre transeúntes.
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